He visto cómo al dejar de meditar, de estar conmigo mismo, con la naturaleza, o simplemente de escribir, pierdo ese reflejo que me muestra quién soy.
Entonces el mundo se vuelve más ruidoso. El trabajo, las personas, sus formas de ser… como esta persona que con su prepotencia y despotismo me irrita profundamente. Pero si aplico la ley del espejo, ¿qué me está mostrando? ¿Una parte de mí que aún no he terminado de ver?
Tal vez no puedo cambiar a nadie ni a la vida misma.
Solo puedo cambiarme a mí.
Y al hacerlo, esas personas seguirán existiendo, pero no tendrán poder sobre mí.
Dejarán de afectarme.
No es el mundo el que cambia. Soy yo el que deja de reaccionar.
Lamal, estos días he sentido que he mejorado, que el tiempo rinde más.
Pero también noto que no dejo correr del todo las operaciones.
Aún hay apego, duda, impulso.
Aún hay ruido.
Y lo más extraño es que, cuando llega la calma… me abruma.
Después de tantos años en el caos,
la paz se siente como vacío.
Tantos días corriendo que ahora que todo se detiene, no sé si respiro o me ahogo.
Es como si una parte de mí solo supiera vivir en conflicto.
Como si sin el caos, no supiera quién soy.
Hoy no tengo respuestas. Solo este desgano que me acompaña.
Pero también tengo la certeza de que el crecimiento es diario, infinito, para toda la existencia.